La ceguera operativa (y por qué nos sale tan cara)

Muchas empresas creen que su reto está en vender más, comunicar mejor o contratar gente más capacitada. Y aunque eso suena lógico, casi nunca es ahí donde se rompe la experiencia.

En algunos casos el problema real aparece en otro lugar, sin darnos cuenta, porque no lo vemos y esta omisión inconsciente les sale caro.

Clientes confundidos. Equipos cansados. Procesos lentos por depender demasiado de personas clave. Decisiones que se toman por intuición porque “así siempre se ha hecho”.

Nada de eso pasa de golpe, pasa poco a poco, hasta que un día el crecimiento se frena, hay una fractura en la reputación de marca y el desgaste interno se empieza a notar. 

Aquí surge la pregunta equivocada, la primer capa de lo que vemos:
¿Qué más tenemos que hacer? Se van directo a buscar solución. 

Cuando en realidad la pregunta correcta es:
¿Qué no estamos viendo? Dar profundidad a la causa, no al síntoma.  

La trampa del hacer

La mayoría de las organizaciones están atrapadas en el hacer constante.
Más acciones. Más juntas. Más campañas. Más contrataciones. Más procesos encima de procesos.

Pero pocas se detienen a observar cómo se experimenta todo eso desde dentro y desde fuera.

Porque una cosa es tener procesos y otra muy distinta es que esos procesos:

  • Se entiendan
  • Se sientan coherentes
  • Generen confianza
  • Y funcionen incluso cuando las personas clave no están presentes

Si eso no sucede, la empresa no tiene un problema de capacidad. Tiene un problema de coherencia.

Una observación incómoda

Después de trabajar con distintos tipos de organizaciones, hay un patrón que se repite:

Los problemas que más duelen no nacen de una mala intención, nacen de una falta de claridad.

Claridad en la experiencia que se vive en la empresa en todos sus ángulos: clientes, colaboradores, proveedores, directivos, socios, prensa y los que le sumes.

Qué pasa cuando alguien conecta con nuestro negocio.
Qué espera.
Qué entiende.
Qué siente.
Y qué ocurre después.

Cuando eso no está diseñado, cada área hace lo que cree. Cada persona interpreta.
Y la experiencia se convierte en una lotería de improvisaciones. 
Muchas empresas buscan soluciones sin haber entendido el problema.
Cambian herramientas. Cambian proveedores. Cambian gente.

Ojo antes de dar soluciones.

Antes de ejecutar, hay que ver.
Antes de invertir, hay que ordenar.
Antes de crecer, hay que alinear y diseñar.

Diseñar procesos sin depender de héroes.
Diseñar experiencias claras y humanas.

Es enfoque, criterio y calidad. 

Porque cuando ves con claridad las decisiones son más asertivas y todo lo demás empieza a acomodarse.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *